América Latina completó el año pasado su cuarto ejercicio consecutivo de desaceleración. Volvió a mostrar una evolución más pobre de lo esperado, por un notable enfriamiento cíclico de sus principales economías y un reflejo cada vez más patente de frenos de naturaleza estructural. Este año, la debilidad del crecimiento seguirá marcando la pauta en la región, y el balance de riesgos seguirá sesgado a la baja, sobre todo en los países con mayores desequilibrios, como Argentina, Brasil o Venezuela.

 

En la esfera política aumentó la desaprobación gubernamental a lo largo y ancho del continente. La popularidad de los presidentes de Colombia, México, Perú y Venezuela se redujo de manera gradual en los últimos trimestres, y de manera drástica en lo tocante a las presidentas de Argentina, Brasil y Chile, sobre todo en este comienzo de año. En cuanto a las citas electorales del pasado ejercicio destacó el triunfo del oficialismo en las parlamentarias colombianas en marzo, y una nueva victoria de Juan Manuel Santos en junio, que revalidó la presidencia frente a Óscar Iván Zuluaga en segunda vuelta. Además, Dilma Rousseff resultó reelegida a finales de octubre al derrotar a Aécio Neves también en segunda vuelta, en unos comicios muy reñidos y tras unas parlamentarias que dejaron un congreso muy fragmentado, con casi treinta de partidos en el Congreso. Este año habrá legislativas en México en junio, en Venezuela durante el último tercio del año y en Argentina en octubre.

 

En la esfera económica, el crecimiento regional solo repuntará dos décimas este año, hasta el 1,1%, tras cuatro años de desaceleración continuada. En las siete principales economías el crecimiento promedió en 2014 solo un 0,9%, 1,7 puntos menos que el año previo, intensificándose el acusado enfriamiento que comenzó en 2011. Este año esperamos que se produzca una recuperación de dos décimas, hasta el 1,1%, en un entorno externo aún desfavorable y en el que la actividad doméstica apenas mejorará, por una implementación de políticas monetarias y fiscales menos restrictivas que actuarán como contrapeso de la débil demanda interna privada.   

 

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